Podría comenzar la reseña comentando que Alan Moore y Melinda Gebbie han creado una trilogía sumamente elaborada, exuberante y excitante, pero es más que todo eso. Lost Girls es una novela gráfica bellamente concebida, donde se ensalza el sexo no como alegoría sino como un hecho explícito en una miríada de permutaciones.
Esta vez, la febril mente de Moore nos desvela qué es lo que sucedió con Dorothy, Wendy y Alicia en su vida adulta; un relato deconstructor que amasa psicoanálisis, erotismo y cultura.
La acción transcurre en Austria, año 1913, en vísperas de la Primera Guerra Mundial. Un lujoso hotel es el escenario del encuentro casual entre estos personajes. A medida que nos adentramos en las viñetas, las heroínas de nuestra tierna memoria como infantes se desdibujan. Dorothy, la veinteañera, ya no camina por el embaldosado amarillo en busca del poderoso Mago de Oz: es una joven intrépida con ganas de comerse el mundo. Wendy, a sus treinta y pico, se ha confinado “por siempre jamás” en un matrimonio sin pasión y Alicia es una trasegada dama de la alta sociedad, abiertamente lesbiana, que ha corrido muchos años tras otros conejos después de aquella maratón a través del espejo. El devenir de los días se hace espeso y para combatir el hastío las mujeres experimentan una serie de aventuras eróticas entre sí, así como con los otros huéspedes y el personal del hotel. En medio de estas desinhibidas sesiones sexuales, las protagonistas relatan las historias de su adolescencia, reinventando los acontecimientos originales de los libros debido a sus dramáticos recuerdos del despertar sexual.
Ante la moralina que nos rodea, precisamente es debido a estos brutales y polémicos acontecimientos –ojo, que ser, lo son- el que abrir este cómic pueda resultar para algunas señoras una experiencia sicalíptica. Pero quien sepa leer y ver, interpretará que es como Moore y Gebbie hilan un elegante drama psicosexual que responde de forma positiva a la crítica de las féminas. Sin tomar en el inicio de cada relato la parte por el todo, sentiremos simpatía por unas mujeres reales que cuentan sus historias sexuales y que actúan impulsivamente para explorar el placer femenino. Precisamente las confesiones de cada mujer le permiten afrontar el significado y el impacto de su despertar erótico, superando la violencia de estas experiencias y provocando a su alrededor un excitante frenesí.
En Lost Girls la mujer no aparece como mero objeto del deseo masculino. Las damas toman las riendas y crean un mundo donde ellas son actrices para sí mismas, no para otros. Este enfoque ya ha sido trabajado por el propio Moore, explotándolo en la carne de Promethea (“Prometeta” para Iván_Bender).
La exquisita ilustración de Gebbie nos hace retroceder en el tiempo y el lector codicioso se pierde en los deliciosos senderos del art decó y el art Nouveau, insinuando las obras de Mucha, Egon Schiele o de los ballets de Nijinski,
También es destacable cierto detalle inteligente: cada uno de los personajes tiene su propia forma de viñeta. Las vivencias de Alicia se enmarcan en óvalos evocadores de espejos. Wendy, en su férreo mundo victoriano, se muestra prisionera en viñetas a modo de columnas que ocupan toda la página y Dorothy se recuerda en splash pages que rememoran las planicies de su querida Kansas.
Los tres tomos de Lost Girls provocan que lectores como yo sorteemos los límites de nuestra comodidad sexual para afrontar las complejidades del placer físico y asumamos lo que realmente pensamos, esos oscuros deseos que nunca, o rara vez, confesaremos.
Lost Girls es un libro elegante y profundamente excitante, de una intensidad apocalíptica. Aquellos a los que les pueda la mojigatería se perderán una vitalista historia acerca de la liberación.
Fátima Elías Busto, Bca. Municipal Sagrada Familia
Ilustración de The First Post