
¿Quién no ha envidiado alguno de los increíbles gadgets que aparecen en las películas, cómics y libros? Siempre fantaseo con ellos, por eso me ha costado decidirme por 5 que me serían muy útiles en la vida cotidiana, otro que luce un montón y un séptimo al que he añadido por ser extremadamente apetecible, pese al peligro que entraña su uso.
A saber:
1.- El transportador, de Star Trek. Como medio de transporte, prefiero el siguiente ítem, es mucho más fardón. Pero cuando voy a trabajar y estoy des-esperando por el bus urbano, anda que no me acuerdo de este inventazo de la serie Star Treck donde las personas u objetos se desmaterializaban para reconvertirse en materia una vez llegado al destino. Como la habilidad “Zoom” del “Dragon Quest: el Periplo del Rey maldito”, vaya.
2.- El coche fantástico. ¿Quién no ha soñado de pequeño –y no tanto- con conducir a Kitt? Ya no sólo por esa fabulosa carrocería, sino por todo lo que ese coche podía hacer. Y la voz robotizada, todo hay que decirlo, era bastante cool.
3.- La Nimbus 2001, de Harry Potter. Aquí a mi vera, un compañero opina que lo óptimo sería tener su varita (aunque yo, si estuviese en posesión de una, ya estaría en Azkaban fijo ) pero habría que aprender a usarlas y como afirma Carola, “La Nimbus va sola”. Nos dejaría, eso sí, desamparados ante las inclemencias del tiempo, pero eso de sentir el aire en la cara, no coger tráfico y elevar la adrenalina a tope, no debe de tener precio.
4.- Las espadas láser de Star Wars. Eso de que alguien te caliente la cabeza y que tú tengas la prerrogativa de poder sacar de la nada un mortal haz de luz roja – o verde, para aquellos a los que todavía les acompañe “la fuerza” - ante la mirada atónita del interlocutor pesado… cielos, tal sensación de poder debe de ser el mejor de los tranquimacines.
5.- El Desmemorizador, de Man in Black. Sería genial tener uno, desde luego, pero para pequeñeces, no voy a faltarle mucho a mi ética –o tal vez sí para luego aniquilar esos pecaminosos recuerdos -. De momento se me ocurren algunos ejemplos para utilizarlo: 12 am. ¡FLASH! -Jefe, llevo aquí desde las 8 de la mañana- . El Bulli ¡FLASH! -Sí, señor Adriá, ya he pagado. Hasta mañana -
6.- La caja de Lemarchand, de Hellraiser. Sí, desearía tener ese precioso cubo negro lacado, en concreto el de la “Configuración del lamento”. Vale, esa puerta abre la dimensión de ese reino demoníaco que sólo trae consigo disgustos. Pero ¡oh! esa caja… es tan sublime…
7.- El anillo único, del Señor de los Anillos. Lo pongo en esta posición porque sería maravillosamente útil ser invisible a voluntad (eso de “dominarlos a todos” se lo dejo a Saurón y a la villanía comiquera) pero … uf, tiene muchos efectos secundarios. Eso de ir pochando hasta convertirse en un pellejo ojiplático, no es una opción muy atractiva. Apunta Rebeca que la Capa de Invisibilidad del señor Potter podría cumplir perfectamente el objetivo de esta peligrosa alhaja, pero eso sí, habría que tener cuidado y taparse bien los pies.
Quede claro que he excluido inventos fabulosos como el De Lorean de “Regreso al Futuro”, debido, entre otras, a las advertencias del profesor Fansword en Futurama: No se puede interferir en los acontecimientos pasados. Ya lo advirtió el maestro Bradbury: “Hundida en el barro, brillante, verde, y dorada, y negra, había una mariposa, muy hermosa y muy muerta”.
Fátima Elías