De cómics, radio y progres bienpensantes
Dice un íntimo que todos terminamos haciendo lo que más odiamos de nuestros padres. A mi me molestaba el hecho de que mi madre le gruñese a la radio –con resultados infructuosos porque el locutor seguía a su bola- . Pues hará unas semanas me sorprendí haciendo lo mismo, gritándole al aparato por donde vomitaban opiniones –que son como los culos, todo el mundo tiene una- unos comentaristas de un programa dominguero de la Ser.
El caso es que estaban entrevistando al laureado Paco Roca y a Laureano Domínguez, editor de Astiberri. Por supuesto, los locutores se deshacían en elogios hacia “Arrugas” haciendo hincapié en que no era un “cómic”, sino una “novela gráfica” –esto lo repitieron hasta la saciedad, conforme al nivel de decibelios emitidos por mis cuerdas vocales aumentaba para equipararse a los de Michelle Larcher-.
Laureano intentaba poner una nota de cordura explicando que el término “novela gráfica” se estaba aplicando con mucha ligereza y que no se refiere al contenido, sino a la edición, extensión etc. –no me explayo en sus palabras porque esto ya lo sabemos los aficionados- pero “esas voces” , sobre todo una masculina, lo interrumpían para seguir aullando “cooomic maaaalo, malos superheeroes” “noveeela gráaficaa”, “noveeela gráaficaa” “viva Perseeeepolis”.
Claro. Todo con mucho criterio: el no haber tenido nunca en sus manos un “Batman año uno”, un “ Las siete vidas del Gavilán”, o un “Top Ten” (por citar alguno). Pero “somos guays, superbienpensantes y megacomprometidos” , por lo que nos molan Arrugas y Persépolis. Es como si yo, bibliotecaria de pro, me dedico a recomendar desde los altares a Boyne - el del pijama de rayas- (porque en cómic, lo equiparable a “Las benévolas” sería Joe Sacco, del que nadie se acuerda ) por encima de Defoe, Verne, Salgari, Tolkien o Stevenson justificando mi decisión en que el resto es aventura folletinesca.
Cada uno tendrá sus gustos, pero no se puede ladrar que Hesse, por ejemplo, sea mejor que Verne, porque cada uno es un monstruo en lo suyo.
Con los tiempos que corren- léase festivales, premios y demás avatares de los que se está rodeando el cómic- parece mentira que haya que seguir escuchando estas pituflautadas. Y además … ¿sabeis qué? ¿eh? ¡¡pues yo confieso!! Persépolis… Estoo… Persépolis… pues…. no es tan bueno. Ya podeis ponerme a caldo, pero, uff… Lo he dicho.
Fátima Elías Busto












